La Entrevista

4/12/2016

Andrés Vázquez de Sola: “Tengo la facultad de ver que el rey va desnudo”

Andrés Vázquez de Sola nació en San Roque, provincia de Cádiz, hace 89 años. Comenzó a dibujar caricaturas siendo niño para decorar la habitación donde hacía sus pinitos como escultor.

Andrés Vázquez de Sola: “Tengo la facultad de ver que el rey va desnudo”

J.M. León Moriche | Algeciras

Cuando tenía 14 años su familia se mudó a Granada. En el diario Patria publicó sus primeras viñetas. Superada la veintena se fue a Madrid y allí se buscó la vida como pudo mientras estudiaba periodismo. Trabajó en el diario Madrid y en La noche del sábado, un programa de la recién creada TVE, hacía caricaturas de los personajes entrevistados en menos de un minuto. En 1959, avisado por el padre de Forges de que la policía andaba tras él, huyo a Francia. Militante del PCE desde los años 50, al llegar a Paris conoce el hambre, el frío y la soledad. Trabaja de albañil, se cae de un andamio y en el hospital un médico ve algunos de sus dibujos. Le dice que los lleve a Le Canard Echainé, periódico satírico de gran popularidad que inmediatamente ficha al sanroqueño.

La gran corrida franquista, un dibujo en blanco y negro en el que se reúnen los tópicos de la España negra, fascina en Francia y Le Canard imprime un millón de ejemplares que se venden como rosquillas. Vázquez de Sola trabajará durante más de dos décadas en Francia, donde sus dotes artísticas e intelectuales son valoradas por la élite cultural y el gran público. A su regreso a España, Andrés nunca llega a encontrar su sitio. Publica regularmente en Triunfo pero su discurso radical y desprejuiciado no encajará luego con lo políticamente correcto que se impone en la transición. Aún así, sigue en la brecha.

En los 90 empieza a pintar en gran formato haciendo caricaturas que son radiografías a todo color del alma de sus personajes. Ha publicado libros, ha escrito en algunas revistas y siempre ha hecho lo que su conciencia le dictaba. Siempre libre y lúcido, el sábado 16 de abril recibirá en Barcelona el Premio Perich que otorga la Asociación Perich Sin Concesiones. Sin duda, Andrés jamás las hizo. Ni a la galería ni al capital. Éste es Andrés Vázquez de Sola.

El próximo sábado 16 de abril recibe usted en Barcelona el premio Perich. ¿Qué significa este premio para usted?

Llevando el nombre de Perich, representa un gran privilegio para mí. Tengo por norma no presentarme a ningún certamen, ni solicitar honores, considerándolos gestos de amistad y no trofeos, por lo cual solo pueden aceptarse y agradecerse. Son más o menos merecidos, al igual que los desprecios, fracasos o represión.

El Perich hacía, entre otras muchas cosas, unas portadas fabulosas en Hermano Lobo ¿Recuerda alguna de ellas en especial? ¿Cómo era el Perich y cómo era su relación con él?

Recuerdo un dibujo suyo en el que se veía a un capitalista tras su mesa de despacho y, frente a él, un obrero que reivindica: ”¡Todo!”. Yo lo traté muy poco, ésa es la verdad, pero cuando volví del exilio, en Barcelona los dibujantes me ofrecieron una cena de bienvenida y Perich, sentado junto a mí, me traducía del catalán los discursos que pronunciaban en mi honor. Esto dicho, éramos amigos sin conocernos.

Lleva usted una buena tanda de premios en los últimos años, entre ellos la Medalla de Andalucía, recibida en 2014, el nombramiento de Hijo Predilecto en su ciudad natal, San Roque, o un homenaje que le organizó Izquierda Unida en Algeciras. ¿Se siente por fin reconocido y respetado en su tierra?

Todo empezó con un documental que me hicieron dos jóvenes periodistas, Pablo Lara y Manuel Broullón. Creo que ellos me resucitaron de entre los ninguneados.

En 1959 se fue usted andando a Francia para huir de la dictadura, contra la que siguió luchando. ¿Mereció la pena luchar contra Franco y lo que representaba, tan incansablemente como usted lo hizo?

Si consideramos lo poco que hemos logrado, permitiendo que sean los mismos perros quienes nos muerdan, las mismas chinches quienes nos chupen la sangre y las mismas hienas quienes se rían de nosotros, no. Pero la lucha, por pírrica que nos parezca, abre vías y libera nuestras conciencias.

En los años 80 cuando por fin vuelve usted definitivamente a España tuvo usted problemas para encontrar un trabajo fijo. ¿Tan derechizada es la prensa española o es que usted es tan de izquierdas que se sale del mapa?

Efectivamente, colaboré en El Mundo, El Independiente, Cambio 16, Triunfo, Interviú… y de todos fueron eliminando mi firma. Hasta del Diario de Cádiz. Solo en Mundo Obrero aceptaron mi rojería.

Pudo haberse quedado en Francia, donde tenía trabajo, prestigio social e intelectual y era recibido habitualmente en el Eliseo, donde Miterrand le defendía de las críticas de sus propios ministros. ¿Por qué abandonó aquello y se instaló definitivamente en España?

Sería vanidoso por mi parte pretender que Miterrand pudiera tomar parte en una riña entre sus ministros y yo. Más justo sería afirmar que Miterrand, lector del Canard Enchainé, amigo de nuestra redacción, y hombre culto, defendió siempre la libertad de expresión. En cuanto a mi vuelta a España, se explica fácilmente: Yo era refugiado político y cuando se anunció oficialmente la muerte del dictador, me sentí obligado a volver a mi pueblo.

Se fue de El Cocodrilo, un intento de prensa satírica de principios de los ochenta, porque la empresa quería publicar una noticia sobre Alfonso Guerra, a lo que usted se opuso tanto que acabó dimitiendo ¿Por qué?

La ideología de El Cocodrilo era de extrema derecha, cosa que yo ignoraba, por supuesto. Cuando conocí a los colaboradores que me fueron impuestos, supe que no duraría mucho en la dirección. Lo que decidió mi dimisión fue el empeño del editor en publicar un reportaje sobre supuestos amoríos de Alfonso Guerra, a quien he fustigado por su política, opuesta a la ideología socialista, por la corrupción, los crímenes del GAL, la OTAN…Pero por su vida privada, jamás. Durante treinta años trabajando en Le Canard Enchainé, aprendí a diferenciar entre denunciar hechos reprobables intentando remediarlos, y calumniar con el fin de vender papel. Por eso dimití y, conmigo, Jorge Bezares.

Pocos años después el gobernador de Málaga, cargo del PSOE, le llevó a los tribunales por una serie de viñetas que usted hizo muy críticas con quienes defendían el Sí a la OTAN en el referéndum de 1986. ¿Tan duros fueron aquellos dibujos, o tan cortos de miras eran los dirigentes políticos y jueces de aquella época?

Unos dibujos, un artículo periodístico, una opinión, jamás podrán ser tan crueles como el acto que los motiva. Personajes tan poco apreciados como Alfonso XIII o Franco -fueran cuales fueran sus motivaciones- mantuvieron a España al margen de dos terribles guerras, evitando a los españoles verse abocados a matar o morir. Felipe González traicionó a su pueblo, valiéndose de un referéndum trucado, mancillando su dignidad y comprometiendo su seguridad. Enfangándonos en la OTAN nos ha convertido en pistoleros de la mafia imperialista. España hoy paga las consecuencias y coloca a quien la traicionó por debajo del reyezuelo y del dictador.

Hace más de 20 años me dijo en una entrevista en Cádiz que usted puede pintar sin lápiz pero no sin libertad. ¿Ve usted actualmente en este país riesgos para la libertad de expresión?

La libertad de información y expresión es un derecho de todos los ciudadanos y una obligación para los periodistas. El periodismo es una profesión de riesgo. Muchos compañeros mueren a manos de esos soldados que defienden nuestras libertades disparando contra los informadores, porque son testigos de excepción de sus crímenes. Otros, son capaces de sacrificar su pan y el de sus hijos en aras de la verdad, frente a la corrupción político-empresarial. Solo unos pocos, pero bien visibles, prefieren medrar como perros falderos del Poder, cayendo en la más obscena manipulación. El secreto está en saber si es más satisfactorio para la propia conciencia, pagar por ser fiel a sí mismo, o malvender la dignidad.

Usted lleva años viviendo en Granada unos veinte años… ¿Qué me dice de lo ocurrido con Raúl y Alfonso, los titiriteros granadinos encarcelados? O mejor dicho: ¿Qué me dice del juez que los encarceló?

En principio siento un gran respeto por los jueces y también por los titiriteros. Creo que los titiriteros –los humoristas lo somos- cuando percibimos injusticias, tenemos el derecho y hasta la obligación moral de convertirnos en jueces. Lo inconcebible son los jueces travestidos en titiriteros.

¿Y de la tímida reacción de los partidos de izquierda a los que ha faltado contundencia para salir en defensa de la libertad de expresión?

Si los partidos no nos defienden, somos nosotros quienes debemos exigir nuestros derechos, obviando a quienes se arrogan el poder de representarnos.

No le gusta que le llamen dibujante, prefiere que le llamen periodista ¿Por qué?

Mi profesión es la de periodista, mi documentación y mi currículum así lo acreditan, la caricatura es una especialidad. También he sido, en Francia, crítico teatral. Ahora, retirado del periodismo, publico mis paridas en libros y expongo mis caricaturas convertidas en cuadros. Pero sigo sintiéndome periodista. Incluso mi pintura es periodística.

Pero en estos tiempos la profesión periodística está un poco desprestigiada. ¿A qué cree que se debe?

No puedo estar de acuerdo. La profesión la acreditan todos los que la ejercen con dignidad, al servicio de la verdad, contrastando los hechos y comentándolos con objetividad –aunque sea dentro de una cierta subjetividad ¡Somos humanos!- y honradez. Quienes desacreditan la profesión son una minoría, algún famosillo de tertulia televisiva. Tampoco conviene olvidar que quienes deciden en los periódicos no son los periodistas, sino los empresarios, defensores de sus intereses pecuniarios. 

Hace años que no publica asiduamente en prensa, se dedica usted más a hacer grandes cuadros en color sobre series de personajes de las que hace exposiciones. La última va sobre Cervantes. ¿Qué nos dice usted del manco de Lepanto?

Cantar las virtudes de Cervantes me parece una patochada típica del patriotero iletrado que ni siquiera lo ha leído. Como personaje histórico, un tal Miguel de Cervantes es controvertido y variopinto, a veces contradictorio, a menos que tuviera el don de ubicuidad o se trate de homónimos. A falta de referencias concretas, por lo que sé, me quedo con el escritor y rechazo de plano al soldado de fortuna y al recaudador de miserias por los pueblos de Andalucía.

¿Qué podemos seguir aprendiendo hoy de Cervantes?

A respetar nuestro idioma: a veces da horror escuchar las patadas al diccionario que propinan quienes deberían dar ejemplo del buen hablar.

Alguien ha dicho alguna vez de usted que es un niño grande, que nunca ha dejado de mirar el mundo con ojos de niño, que es usted como un Quijote actual. ¿Se siente halagado por la comparación? ¿De dónde saca usted la fuerza para seguir combatiendo a los molinos/gigantes?

Tal vez mi inocencia infantiloide, o mi ignorancia, me libran de percibir los grandes problemas del espíritu, centrándome en lo palpable que cualquier niño puede ver y sentir. Muy joven comencé a publicar en el diario Patria de Granada viñetas denunciadoras de situaciones y problemas cuyo alcance político yo no percibía, ni la dirección del periódico censuró. Tampoco supe medir, muchos años más tarde, la trascendencia política de La corrida franquista publicada en el Canard Enchainé. Como cualquier niño inocente, tengo la facultad de ver que el rey va desnudo. Y lo digo con toda simplicidad, tal vez sea eso…



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